Vaya Mata Hari que Rowan
resultó ser.
Su primer intento por
atrapar a Brian Turner, el playboy y mago de la electrónica, terminó en una
suite de un hotel en Washington.
El segundo, la convirtió en
polizón y luego en prisionera a bordo del yate de Brian. Ahora, cautiva en una
cabina, Rowan, la periodista, sabía que su historia jamás llegaría a las
primeras planas de los diarios. Ya no le importaba si Brian participaba en
intrigas internacionales, lo único que quería era permanecer en sus brazos.
